miércoles, 23 de marzo de 2011

Los mineros prehistóricos de Amezketa

Localizan importantes vestigios de minería de la Edad de Bronce en el coto minero de Arritzaga

Los hallazgos realizados en el coto minero de Arritzaga, en el término municipal de Amezketa, han permitido trazar una línea que une la Edad de Bronce con el año 1965, fecha en la que cesó definitivamente en ese enclave de Enirio-Aralar una actividad minera de la que había constancia ininterrumpida desde tiempos de los romanos pero que, a la luz de los últimos vestigios encontrados en la zona, puede retrotraerse en el tiempo hasta mediados del primer milenio antes de Cristo.

«Tenía que llegar, y ha llegado», afirmó la arqueóloga Mertxe Urtega, directora del proyecto, al referirse a los hallazgos que han sido posibles gracias al trabajo que vienen realizando en la zona desde 2008 los espeleólogos de la sociedad Félix Ugarte, cuyo presidente, Txomin Ugalde, detalló ayer cómo habían trabajado en el marco del programa de investigación de la minería antigua que desarrollan en colaboración con la Fundación Arkeolan y el apoyo de la Diputación Foral de Gipuzkoa.

Ambos hicieron referencia a las excelentes condiciones previas que ofrecía el entorno, y destacaron que una de las claves para realizar el importante descubrimiento ha sido, básicamente, «empezar a mirar con otros ojos». Como recordó Mertxe Urteaga, Gipuzkoa, con mineralizaciones metálicas de interés repartidas prácticamente por todas las zonas montañosas del territorio, es junto con Jaén una de las zonas de la península donde a lo largo de la historia se ha registrado más actividad minera, lo que se refleja en la enorme densidad de concesiones mineras existentes.

En el conjunto de Gipuzkoa, y pese a la preponderancia que han adquirido los yacimientos de Oiartzun o Irun, no era en absoluto desconocido el valor que como coto minero tenía Arritzaga, donde ya constaba que habían extraído mineral los romanos, que se había proseguido con esa actividad en la Edad Media y que, en el siglo XVIII, se instaló un importante poblado minero que atrajo a muchos trabajadores centroeuropeos. Como destacó en la presentación de los hallazgos que tuvo lugar ayer en San Sebastián el alcalde de Amezketa, Jesús Iñurrita, los amezketarras de cierta edad no necesitan recurrir a los libros para tener constancia directa de la tradición minera de la localidad, ya que ellos mismos vieron cómo se cerraba a mediados de la década de los sesenta del pasado siglo la última empresa que explotaba las riquezas minerales del subsuelo del macizo de Aralar.

Una nueva perspectiva
Con todos los precedentes locales y los referentes foráneos a favor, se trataba de apostar por otra perspectiva, dar por buena la hipótesis de que pudo existir en Gipuzkoa minería prehistórica, previa a la llegada de los romanos y sus conocimientos, y lanzarse a actuar en consecuencia. Fue, como indicó Txomin Ugalde, plantear la hipótesis adecuada, empezar a buscar vestigios y comenzar a encontrarlos.

Mineros muy expertos
Los primeros y más evidentes rastros de actividad minera se hallaron en las monteras, en las zonas superficiales de oxidación del mineral primario que, probablemente y por razones no muy distintas, fueron también las primeras que explotaron los buscadores y extractores de minerales goierritarras de hace tres milenios. Pero los hallazgos no se redujeron a lo que puede considerarse la forma más básica y sencilla de minería. Aguzando un poco la vista y ampliando un tanto la hipótesis de trabajo, cayeron en la cuenta del valor que, a efectos de extracción de minerales, podían tener las grandes zanjas, propias de los macizos karsticos, que a lo largo de los siglos se habían ido colmatando de tierra e impurezas. 'Impurezas' que, tras los pertinentes análisis, han demostrado tener hasta un 14% de cobre. Ya lo detectaron los mineros prehistóricos de Amezketa que, utilizando una técnica que coincide con la empleada en otros yacimientos mineros de la misma época en zonas como Gales, procedieron a vaciar las zanjas y a aprovechar el mineral, dejando al descubierto trincheras de más de cinco metros de profundidad que, en algún caso, dibujan en el terreno cicatrices que se acercan al medio kilómetro de longitud. . .

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Fuente: Diario Vasco.com